Iniciamos la publicación de una serie de artículos donde se tiene el objetivo de demostrarte que tienes la alternativa de elegir y construir una vida feliz desde hoy mismo, y enseñarte cómo hacerlo.
No se trata de una serie de artículos mágicos o milagrosos, contienen sencillamente el resultado de un esfuerzo serio por aprender a vivir de la mejor manera posible. Quizá sean de ayuda para ti también. Sigue adelante, tienes poco que
perder y quizá mucho que ganar.
BALANCE DE TU VIDA HASTA EL MOMENTO PRESENTE
¿Vives una vida feliz?
· ¿Estás satisfecho con la persona que has llegado a ser?
· ¿Te agrada el nivel de relación social e integración que ha conseguido en tu sociedad?
· ¿Estás satisfecho en tu familia?
· ¿Disfrutas del amor que siempre deseaste encontrar?
· ¿Te satisface tu trabajo? ¿Te sientes valorado y reconocido en el mismo?
· ¿Estás satisfecho con el nivel de bienestar que has alcanzado?
· ¿Te sientes orgulloso de los logros que has conseguido hasta ahora en tu vida?
· ¿Te despiertas cada día con ilusión y entusiasmo?
· ¿Afrontas desafíos estimulantes?
· ¿Tienes un grado aceptable de control sobre tu propia vida?
· ¿Tienes sensación de plenitud vital?
· ¿Disfrutas de un estado de equilibrio mental y espiritual?
· ¿Has visto hechos realidad tus sueños de juventud?
· ¿Posees el valor y el coraje que deseas para tomar decisiones?
· ¿Te sientes en armonía con Dios?
Son pocas las personas que tras una reflexión serena y sincera pueden responder afirmativamente a muchas de las preguntas anteriores. Por paradójico que parezca, es mucho más frecuente encontrar personas cualificadas en cuestiones profesionales, culturales, artísticas, científicas o tecnológicas, que en las cuestiones esenciales de la vida.
La felicidad es el objetivo principal de todo ser humano, pero en la sociedad del conocimiento y la formación continua muy pocos se preocupan de aprender a ser felices y un gran número de personas se encuentran inmersas en la desazón de
una vida gris.
La desazón de una vida gris
Despertar cada día con angustia, con ansiedad. Con desánimo profundo. Sentir las punzadas del estrés incluso antes de iniciar la jornada laboral. Contemplarse en el espejo con acritud y desagrado. Pensar que cada día es otra monótona rutina de la que sólo se desea escapar, aunque no se sepa adónde ni con quién.
Abrir la boca para lamentarse y criticar. Fumar y beber sabiendo que ambas cosas corroen por dentro. Tomar pastillas para regular artificialmente el estado de ánimo. Envidiar con amargura a los que están mejor. Atacar con la ironía y el sarcasmo a los que intentan progresar.
Temer los cambios. Estar siempre a la defensiva. Perder amigos. Perder amores. Caer en la espiral de la soledad. Pensar demasiado en uno mismo. No tener tiempo para los demás, pero pasar miles de horas de ocio letárgico.
Sentir una fatiga crónica. Una desazón crónica. Saborear una insatisfacción permanente sin motivo concreto. Temer cerrar los ojos y reflexionar en silencio. Buscar refugio en el sueño. Temer pensar en Dios.
La vida gris tiene tonos de mayor y menor oscuridad. Lo que identifica sin duda a una vida gris es que quien la vive sabe que esa no es la vida que desearía vivir.





